El miedo. Solo la palabra ya nos acojona pero el miedo es parte de nuestro instinto primitivo de protección, es decir, tener miedo es bueno. Pero el miedo a qué y cómo lo gestionamos es el quid de la cuestión

¿Qué es el miedo? Según la Rae es la angustia por un riesgo o daño real o imaginario. Pero el miedo per se, solo es la palabra que usamos para indicar que estamos viviendo un momento concreto con una sensación.

Esta sensación cursa de forma particular en cada individuo y tiene en común tres tipos distintos de respuestas, que muy probablemente puedas reconocer mientras lees el texto.

La primera respuesta que se puede dar en situaciones cuando tenemos miedo, es entrar en parada, ya sea intelectualmente, manteniendo un pensamiento de forma repetida o, de forma física, sintiendo como si el cuerpo pesara una tonelada siendo incapaces de movernos

La segunda respuesta es salir corriendo, huir para alejarnos de la amenaza tan lejos y tan rápido como podamos. Y la tercera, es todo lo contrario, es como dicen en el argot de la tauromaquia entrar al trapo, entrar a pelear contra la amenaza.

Por supuesto todas y cada una de ellas contienen personales y diferentes matices adquiridos por los aprendizajes que hemos ido asimilando a lo largo de nuestra vida, con esto quiero decir que cada cual responde a los eventos de miedo a su manera.

“No temblamos por miedo porque nos persigue un oso por la montaña, tenemos miedo porque estamos temblando y usamos al oso para dar significado a la explicación de qué tenemos miedo”.

William James

Por lo tanto el miedo nace de una sensación fisiológica, y pensamos que el cuerpo reacciona con una respuesta al estímulo externo, pero no es así, puede que el miedo sea definitivamente activado por un estímulo interno.

El ejemplo del oso me va ayudar a explicar esto. Si veo un oso en el bosque a escasos metros de mi (estímulo externo) puedo decir que tengo miedo de él, pero si nos detenemos a observar un momento la escena, veremos, que no tengo miedo del oso en sí, sino de los terroríficos pensamientos que estoy generando en el caso de que me diera alcance. Por ejemplo imaginar, que si me atrapara podría desgarrarme a zarpazos la ropa, atravesando mi musculatura y destrozar mi cuerpo llegando incluso a morir. Eso es lo que me da miedo realmente (estímulo interno).

Sin embargo si vemos el mismo oso en el zoo en un foso a 6 metros de profundidad, nuestro cuerpo no siente la sensación de miedo, básicamente porque no diseñamos un ataque contra nuestra persona, no vemos al oso saltando desde el foso hacia nosotros.

Hoy os invitamos a que podamos observar que cosas son las que decimos que nos dan miedo, crear un espacio y revisitar esos pensamientos desde el centro.