En nuestro último directo en Instagram, Allan nos introdujo en el tema de la motivación y pudimos observar de cerca cómo es la estructura que tenemos creada para motivarnos. 

Hay cosas que nos motivan hacerlas y otras que no, la respuesta puede ser simple e infantil, pero si te pregunto ¿por qué te gusta algo que te gusta? probablemente me respondas con un, “-no sé, porque me gusta y punto”

Sin embargo, con las cosas que no nos gustan, solemos decir que nos da palo o que nos da pereza, incluso que no nos motivan. Y ahí volvemos a vernos en la tesitura ¿son los sucesos, llámalo coronavirus, lo que nos producen estados emocionales incontrolados? o somos nosotros los que podemos observar que nos está pasando ante los sucesos, sobretodo en eventos nuevos como el que estamos viviendo actualmente. A partir de ahí, tomar acción para cambiar los resultados. Y sí, eso es lo realmente difícil, saber cómo hacerlo.

Muchas veces se habla de que la motivación es extrínseca o intrínseca, ayer pudimos comprobar en el directo, que la motivación extrínseca solo existe coloquialmente, porque todo sucede dentro, todo lo que nos mueve a hacer cosas es porque dentro de nosotros  montamos un panorama que nos atrae, o no, y eso es realmente lo que nos mueve, ese es el motor que nos pone en acción. 

Esto que describo a continuación va muy rápido dentro de la cabeza. Piensa en una acción cotidiana que te cueste hacer – fregar los platos, recoger la cocina después de hacer pan, tirar la basura, ir a trabajar… -, observa que pasa un poco antes de que te escuches decir, “que pereza hacer…”. Ahí dentro escribimos un guión del evento, posteriormente creamos el montaje de la peli y la sensación te dice, “buff que palo…” 

En situaciones que nos gustan o creemos que nos van a gustar funciona exactamente igual, y sino, dime cuántas veces te has pillado diciendo en voz alta, “pues me lo había imaginado diferente….”

Entonces aquí surge la pregunta del millón. ¿Cómo lo hago para motivarme? ¿Alguna vez has pensado cómo se motiva un atleta olímpico? Vamos a observar fríamente el panorama que vive desde su temprana juventud. Entrenar, entrenar mucho, muchas horas, con restricciones alimenticias y salidas de ocio, dolor físico, lesiones, a veces los resultados deseados tardan en llegar o simplemente no llegan, falta de entendimiento de su entorno, (escribo esto como testigo directo). El panorama se me antoja muy duro, pero ahí los tienes, listos otra vez delante del crono de los jueces de otros compañeros y competidoras. 

Entre todas estas acciones, además existe uno de los peores resultados que puede existir, y es cuando no consigues la ansiada medalla y escuchas “todo eso para nada…”

Pues bien, un atleta olímpico que quiere una medalla solo tiene una obsesión en la cabeza, y es verse con ella en el cuello, y hará todo lo que tenga que hacer para conseguirlo, y ya habéis leído todo lo que tiene que hacer… a lo que yo digo, aslotuuuu.

Entonces, es fácil pensar que si quieres una medalla, ya sabes, primero la obligación y después la devoción (a fuego llevo grabada esta fracesita…) la pregunta curiosa que aparece aquí es ¿Qué sucede cuando las acciones nacen del “tienes que”? 

La pasión nace del deseo, de lo que esperas sentir cuando consigas eso, o lo realices, las cosas que nos apasionan nos alejan de la percepción del tiempo, nos alejan hasta de nosotros mismos, nos metemos tanto en lo que hacemos que la única sensación que reina es la de estar pletórico y no somos conscientes hasta que la observamos, mientras tanto la vives.

De la única cosa que deberíamos estar muy atentos es de estar bien, y no me refiero a estar feliz la 24h del día, me refiero a sentir que estás vivo. Las emociones entran y salen, son cambiantes, olvidemos que tenemos valor por lo que hacemos o sabemos, tenemos valor simplemente por SER, ¿Cuál es el problema de no hacer nada? Si aún no sabes qué hacer con tu vida, VIVE.

No necesitas estar motivado para vivir, tú eres VIDA.